martes, 5 de abril de 2011

El Plan B


El plan B
El, la miró. Bajando y levantando la vista, como cuando se teme a un resplandor. Luego balbuceo una entrecortada disculpa.
-No es solo culpa mía dijo, mientras la volvía a mirar de costado.
-Lo que más me molesta es que no reconozcas tus errores replico ella.
Está bien no llevemos esto a un sitio sin salida, la idea ya estaba instalada en tu cabeza cuando yo te la propuse, además sin tu apoyo y tu incentivo no me hubiese arriesgado a hacerlo.
La cabeza de el apenas echada atrás, reflejaba en su incipiente calvicie la luz de la lámpara del comedor. Ella no decía nada, solo lo miraba negando con movimientos de cabeza y con un rictus de desaprobación en sus labios.
-Tenes que reconocer que si bien acordamos en un principio, nunca estuve convencida con la manera de llevarlo a cabo.

-¡Ah claro! Ahora como el plan fallo me queres cargar con toda la culpa.
Casi sin querer él dijo –Justo ahora que teníamos la oportunidad de hacerlo… porque a Osvaldo no lo vamos a poder convencer nuevamente. Está muy asustado con tantas preguntas de la policía y la gente del juzgado.
-No te preocupes, Osvaldo no va a hablar. Además si lo hace el también queda pegado.
Era la misma hora en la que lo habían intentado, a esa hora el coronel acostumbra a dar su paseo vespertino. Estaciona el auto frente al parque y camina circundándolo tres veces. Su chofer y guarda espaldas lo sigue con la vista desde dentro del auto.
El momento justo es cuando pasa frente a la iglesia, allí está la callecita lateral, que comunica con los fondos del teatro municipal. El tarda unos cinco minutos en cruzar el ancho del portal de entrada. Su paso es firme a pesar de la pierna ortopédica y su bastón.
Ella dijo –Ves, a esta hora tendríamos que estar de nuevo parados allí.
-No te preocupes, tenemos otra oportunidad para intentarlo, o también podemos intentarlo en el campo, si la tenemos complicada aquí. Osvaldo tal vez nos va a ayudar de nuevo, vas a ver. El goza de un gran concepto con el coronel, son quince años que trabaja para él. Justo cuando murió el viejo Miranda, el entró, ¿te acordas?
-Si por eso es que creo que la policía no sospecha de él. Tendríamos que llamarlo.
-No, tratemos de encontrarnos, esto hay que hablarlo en persona, además que tal si le intervinieron el teléfono, es muy arriesgado, mejor veámoslo en su casa, como una visita de amigos.
Ella se acercó a la ventana y suspiro, en el cielo las nubes semejaban montañas cargadas de nieve. Invitaciones a travesías sin más límites que la propia cordura. Tal vez fueron esas imágenes las que la devolvieron a sus recuerdos de niña cuando nada sabía aun del horror de los hombres. En esos paisajes nevados fue que decidió, aun siendo niña que no habría para ella más sueños que los que pudiera realizar, sus ideales se fueron concibiendo inmaculados como esas cumbres que observaba a diario.
Sacudiendo al cabeza, volvió a la realidad. Se dio vuelta y lo observo con una mezcla de ternura y lastima. Es tan débil, pensó, pero ya estaban en una situación en la que les sería difícil salirse sin que alguno fuera lastimado.
-Qué te parece si nos vamos al campo y lo esperamos allá. El mes que viene es setiembre y el coronel siempre visita la estancia en primavera, podemos poner sobre aviso a Osvaldo y listo. Sería más fácil. Sinceramente no aguanto más esta espera.
-No seas ansioso, ahora no podemos cometer errores. Atende el teléfono por favor.
-Es Osvaldo, esta llamado de un teléfono público, está muy asustado, dice que se vuelve para el campo.
-Está bien, decile que se vaya y que se ponga a trabajar como si nada hubiese pasado.
El colgó el teléfono y la miro con ojos interrogantes. -¿Qué pensas hacer?, le dijo.
Ya veremos. Convendría que vos también te vayas, podes ir a Bahía Blanca y esperar en departamento de papa. Dejame que busco las llaves. Instalate allí y espera que te llame, estate listo para salir del país.
-¡No podes ahora dejarme afuera, yo ya di la cara por vos la primera vez!
-Si puedo, es lo mejor, haceme caso y andate.
El comenzó a poner sus pocas ropas en un bolso negro y a mover el cabeza resignado. Ella se sentó y encendió el televisor. Mientras miraba el informativo de las 20:00, sintió como la puerta de salida se cerraba de un fuerte golpe.
Al día siguiente termino con los preparativos y se fue. Espero sentada en las escalinatas de la iglesia, sus ojos con las pupilas dilatadas, captaban cada momento y cada movimiento en el lugar, tal vez presagiando que nunca volvería a sentarse en ese lugar. Estuvo toda la mañana sintiendo el sol en la cara. Desde las siete vio el desfile de los chicos que pasan para la escuela, a los mozos de la confitería Jockey que entraban a trabajar. Vio el devenir de los colectivos de la línea 512, y hasta pudo observar un cortejo fúnebre de varias cuadras.
Ya por el medio día, pudo ver el regreso de los mismos niños que había visto llegar en la mañana, vio salir también los mozos y a cientos de transeúntes que caminaban, a diferente ritmo. Así transcurrió gran parte del día hasta que las campanas llamando a misa de las diecinueve, tocaron. Metió la mano en el bolso y al tacto comprobó que el revólver, ese 38 de caño de dos pulgadas que había sido de su tío, estuviera cargado, rozo con la yema de los dedos el plomo de las balas.
Se quedó inmóvil por un largo rato, hasta que vio aparecer el Mercedes Benz, verde claro del coronel. El chofer estaciono en el lugar de siempre sobre la vereda de la sombra en la calle Vértiz. El coronel bajo del auto y con paso erguido cruzo la plaza para encaminarse al portal de la iglesia. Ella salió a su encuentro, despacio, como quien por primera vez sabe que va a hacer en su vida. Cuando llego a cruzarse con el coronel, simplemente y con un movimiento estudiado, le descargo los primeros tres disparos en su pecho, luego, mientras todavía el seguía de pie, le descerrajo dos en la cabeza, a la vez que como si rezara, repetía - por Jorge, Clara y Papá.
Luego, ya no se detuvo a pensar en su madre ni su hermano, que estaban en Bahía Blanca, ni en su novio, Andres. Ya no pudo pensar en todos los planes que había imaginado y no realizaría jamás. Solo utilizo esa última bala, disparando en su cabeza.

martes, 22 de marzo de 2011

MODERN LOVE


Puedo verte a través del tiempo, de lo clásico, de la modernidad y la posmodernidad. Pasando por esta actualidad ecléctica.
Allí estas, de pie y puedo verte por la doble altura del atelier de Ozenfant, subiendo por las cuestas suaves de las rampas curvas de la Ville Saboye.
Tu mirada puesta en el infinito, en la perspectiva interminable del curtain Wall.
La tenue luz que se cuela por los muros de Romchamp, baña suavemente tu rostro, resaltando en sus claroscuros la perfección de tus rasgos. Sin interrumpir tu rezo, me alejo y me adentro en el sinfín de colores de los muros del acceso que como un caleidoscopio desorienta mi mente y hace que me olvide de ti por un instante.
Te busco, perdí tu rastro en Marsella, pero sigo tras de ti, el torero de Picasso me señala el camino, de a ratos estoy más cerca. Douglas me atrae y su blancura contrasta con el verde del bosque que crece en la ladera y el azul intenso del lago, todo es un marco para el dorado de tu piel. La linealidad de sus columnas y las aristas vivas de sus muros, dialogan por oposición con la suavidad de tus formas, que realzan aún más la belleza del entorno.
Busco pistas en los cinco postulados, pero caigo en el monismo de pensar solo en ti, tu como única idea. El grial en esta búsqueda, se vislumbra y se alcanza solo si logro de ti lo más difícil de obtener, lo más complejo. Tu perdón.

domingo, 20 de marzo de 2011

De amores imposibles o de como embozar el sentimiento


De amores imposibles o de como embozar el sentimiento
Les habían dicho que era peligroso enamorarse. Que se perdía la noción del tiempo, que se hacen cosas incoherentes, que uno anda por las calles despreocupado, mirando las casas, los negocios, sus vidrieras, silbando o cantando. Que la gente al mirarnos se daba cuenta por la expresión en los ojos.
En algún momento pensaron que era un privilegio el sentirse así ahora. Casi un premio a no sabía que.
Su entusiasmo no había decaído en esos meses en los que se veían y nunca supieron muy bien cómo comenzó, pero se conocían desde siempre, lo cierto es que se desconocían. Ella se presentó en su vida de repente, como las estaciones, que por más fechas establecidas comienzan sin avisar. Y así con una invitación que el tardo en responder, empezó todo.
“Si puedo esperarte bajo la lluvia sin pensar en que demoras demasiado y que mi apuro es solo por verte, esto es señal suficiente para ver que algo en mi esta cambiando, sentir que por ti vale la espera”
Pesaba sobre ellos el tiempo, su pasado. Tenían que cruzar la línea atreverse y amarse. Pero era como cruzar el puente de Sirat.
Para ello hay que tener el coraje de valerse por su propio entendimiento. Pero mientras el amor crecía en ellos, lo hacía también el miedo de forma paralela. Animarse era tan difícil, ante la comodidad del hecho simple de amar en silencio. Sin arriesgar es más fácil, no se expone uno a lastimarse por amor. ¿Se puede vivir a expensas del miedo a amar? Si bien se disfruta el calor de la adrenalina en las venas cuándo estamos cerca, es mucho más seguro si el otro no lo sabe. Y así pasamos el tiempo.
“…Veinticinco años después volví a verla, apareció de repente, de la nada, en una de las tantas calles de La Plata. No pude reconocerla en la primera mirada, y solo repare en ella como en una mujer bella que pasaba a mi lado. Ella me miro y fue en ese instante en que la observe en detalle, su cabello apenas ondeado y oscuro dejaba ver algún destello de plata, lógico paso del tiempo que toca hasta lo más sublime. En cambio sus ojos de almendra, expresivos y su inquietante andar, seguían intactos.
Vestía con el gusto diferente y exquisito de siempre y en el momento en que cruzamos la mirada supe que el influjo de este ser sobre mi seguía ahí, perenne como la hierba. Quise hablar, pero no me salía nada, en cambio ella simplemente dijo – Que gusto verte otra vez, y se inclinó para saludarme con un beso, pero yo mantuve mi postura y me hice hacia atrás levemente, un beso aun en la mejilla, era de solo pensarlo insoportable.
Su perfume, Halston, el de siempre me envolvió y me sumió en una suerte de sopor inexplicable. Entramos en un café, y en el devenir de la conversación nos íbamos midiendo poco a poco, viendo que caminos habíamos transitado, por diferentes lugares, en esos veinticinco años en los que desandando el camino fuimos llegando al lugar común en donde nuestra vidas tomaron rumbos distintos.
Ya con el segundo café, la conversación cambio el tono, y me permitió verla como era, independiente, tenaz, imprevisible como un día de primavera. Su atracción y la fascinación de su ser siempre fueron un desafío en mi vida, era ni más ni menos que una puerta abierta, el ser más buscado, más deseado, el menos conocido. Me dirigí siempre a ella de múltiples formas, supe que mis mensajes llegaban.
Ahora estábamos el uno frente al otro, ambos sabíamos que teníamos pendiente, nos debíamos tanto. Como siempre ella tomo la iniciativa. “Las personas cambian, uno conoce apenas una faceta, o quizás dos, de vos solo conocí tus silencios, por esos años pretendía una simbiosis, estaba equivocada.” Ella si me conocía, sabia donde golpear.
Ok, le respondí, pero vos viste lo que te interesaba ver, ambos estábamos embelesados, y no supimos distinguir que nuestras vidas tenían propósitos diferentes, yo conozco a Picasso por su obra, vos por el valor de subasta de sus pinturas. En ese momento pensé que si la atacaba, si la agredía, si podía ofenderla, ella perdería su encanto, su influencia sobre mí, y sin embargo, en ese momento comprendí que ella si había madurado.
Me observo en silencio y cuándo mi andanada verbal termino, solo sonrió, dio un sorbo a su café y con toda su hiriente dulzura, me clavo el puñal de una sincera disculpa y dijo simplemente no compartir mi modo de ver la vida. Como al pasar miro su reloj, abrió sus ojos radiantes, se levantó de su silla y sin dejarme siquiera reaccionar, retoco un poco sus labios, pidió y pago la cuenta, y con una nueva disculpa se despidió con un beso que apenas rozo mis labios. Aprovecho mi momento de parálisis, el humo de los cigarrillos y los cristales empañados, me impidieron verla partir. Y así se fue llevándose su clásica belleza.
No he podido olvidarla, a pesar de los muchos intentos, odiarla jamás podría. Siempre que puedo paso por esa calle, guardo la esperanza, de poder volver a encontrarla.

jueves, 10 de febrero de 2011


Carne de urna
Teníamos la pretensión de creer que seriamos grandes, que tendríamos éxito. Tal vez esperábamos demasiado de nosotros mismos, sin darnos cuenta que llevábamos grabada a fuego la marca del fracaso. La necesidad de creer que éramos distintos del resto, fue el principal motor de esa pretendida realidad que nunca fue. Sin embargo, crecimos y vivimos siempre buscando esa fantasía, esa búsqueda nos distrajo, y se nos fue la vida en ese estúpido derrotero. Todo empezó, cuando el viejo se quedó sin trabajo, primero nos tuvimos que ir de la casita en Morón, después del hotelucho de San Telmo, y terminamos en la calle. Al viejo le salió una changa para juntar papa y así terminamos acá. Al poco tiempo de tirar la maleta, le dio un tirón en la espalda, lo trajeron a la casa y estuvo tirado en la cama, después vino uno de un seguro, y le dijo que no podía trabajar con la maleta, ni hacer fuerza. Al otro día, llego el patrón, le tiro unos pesos y no apareció más. Después no enteramos que el médico, un cuervo y el patrón se quedaron con mucha plata y lo hicieron pasar al viejo por inválido.
Somos los morochos, los negritos, los de los dedos afuera de las zapatillas flecha, con esa puntera de goma maldita que se despega de la tela y se doblaba, dejando expuesta la miseria. Las remeras rayaditas, con los botones al costado del cuello y los pantalones cortos de ese material plástico y caluroso, que se estira y por eso lo usábamos, para que durara mucho sin importar si crecíamos y cambiaba el talle. La gente nos ve, siempre de costado, con esa sensibilidad barata que les lleva a bajar la mirada, ese sentimiento de culpa que dura 30 segundos. Algunos, ni siquiera eso, nos pasan por al lado como si fuésemos de otra dimensión, como si nos pudiesen atravesar. No nos ven, o se hacen los boludos. Nos da vergüenza salir a pedir, pero cuando el hambre es más grande que el orgullo, no queda otra. Así que lo saco a mi hermanito de la cama y así, apenas nos sacamos las lagañas y salimos a ver que conseguimos para calmar un poco ese nudo maldito que el hambre te hace en la barriga. Nos parábamos generalmente en la puerta de esos negocios con muchas luces o con vidrieras grandotas, la gente nos pasaba al lado y nosotros le preguntábamos si podían ayudarnos con algo, la cabeza se debatía entre la denigración de la pregunta formulada y el estómago que apretaba y dolía cada minuto un poco más. Algunos te tiran unos mangos, por ahí aparece una señora que pasa con las hijas y es más generosa. La chica de la frutería de la 20, nos da siempre lo que le sobra, algunas bananas pasadas y a veces hasta algunos huevos.
El verano es más difícil, no está la escuela, allí por lo menos comemos y tomamos la leche, en la de verano no nos reciben, no sé porque papeles que el viejo no tiene, él dice que los perdió.
Varias veces nos tuvimos que ir de la casa y estar en la calle, cada dos por tres, aparece una señora que dice que es asistente y nos quiere llevar. La última vez, vino con unos de traje y los ratis. Suerte que los vi, lo agarre a mi hermano del brazo, y nos salimos por la ventanita de atrás cortando campo.
La infancia fue más dura, después de más grandes algunas changas se hacían, pero nunca hubo gran cosa para hacer. Cada tanto por ahí aparece un concejal con el auto y te tira unos mangos para que lo votes. Mi hermano se casó, tiene un hijo y como lo manda a la escuela le pagan el plan. Yo no, para que, si tengo hijos van a ser como yo, un negro sin oportunidad, para que, para padecer, para que los miren como a mí, con lastima. Así fue y es nuestra vida, esa mezcla de pasado y presente sin rumbo, sin salida, sin esperanza.

lunes, 10 de enero de 2011

El devorador de N° 5


La pelota, balón, globa o como quiera que se haya dado a llamar a este objeto esférico y lúdico, es en sí mismo, un elemento de concertación social. A nadie, salvo a algún nene egoísta y malcriado, se le ocurre jugar solo con una pelota. Tan solo, con el primer pique o bote a tierra, su sonido grave, cual bombo legüero, llama a todos a su encuentro. Con la pelota N° 5, se practica el más popular y democrático de los deportes, el futbol. Digo democrático, porque es una forma que se me ocurre para significar la posibilidad universal de practicarlo, nadie queda afuera, desde el hábil gambeteador, el elástico arquero, el febril y brusco defensor, o el simple patadura. En el barrio cualquiera fuese nuestra condición y predisposición natural y deportiva, todos sin excepción jugábamos al futbol.
El escenario, en el cual se desarrollaban habitualmente los partidos, era un espacio verde, abierto y sin límites naturales que la casualidad nos llevó a ocupar. Estaba recostado sobre el cuadrante sudeste del Cerro el Triunfo. Allí se jugaba. Los horarios eran diversos pero los más populares, eran los posteriores al almuerzo de los días sábados. Salíamos a jugar, como todos los sábados, pero ese día comenzó sucederse un hecho extraño. Estábamos trenzados en un partido, que no se definía, los pelotazos iban de un lado a otro, hasta que, la pelota salió empujada al lateral y se perdió entre el pastizal cercano.
- Che, dale el que la patea la va a buscar, grito Edgardo.
Fue así que, refunfuñando, salió Puli a buscarla. Lo veíamos que caminaba entre el pastizal y nada, no traía la pelota.
- He qué pasa, estas chicato que no la encontras? Si cayo ahí nomás!
Gustavo se sumó a la búsqueda y después el chino, al final terminamos todos entre el pastizal buscando la N° 5, después de todo, sin pelota no hay partido, así que no quedaba otra que encontrarla. A uno de nosotros se le ocurrió que si nos poníamos en fila uno al lado del otro y comenzábamos a caminar el pastizal, la tendríamos que encontrar sí o sí.
Pero pasaba el tiempo y la redonda no aparecía, de repente los pastos se movieron como en una suerte de ola.
- Che y eso que fue! Grito Carlitos que estaba al lado de la ola de pasto.
- No sé, yo lo vi pero pareció el viento. Dijo Luis
- Si pero el viento no levanta el pasto de la tierra. Comento Puli.
Lo cierto es que nos quedamos duros, esperando ver quien reaccionaba y se animaba a mirar por ese lado, pero los eternos segundos que trascurrieron, nos mostraban a todos clavados al piso como si los tapones de los saca chispas se hubiesen clavado en el suelo. Walter fue el que se animó a mirar, y grito
- Miren ese gajo azul es de la pelota!
Todos nos acercamos y allí estaba entre los pastos un gajo entero y otro pedazo ambos de color azul gastado. No podían ser de otra cosa, que de la pelota de Boca Jr. de Gustavo.
¡Que paso! Gritamos todos al unísono.
- Pero si estaba nueva, bah, ya tenía un tiempito pero estaba buena.
- Y además, si reventó, porque no escuchamos el ruido?
Esos eran los interrogantes, pero todos sin respuesta, estábamos entre asustados y sorprendidos.
- Qué hacemos? Que alguien traiga otra pelota para seguir el partido. Grito mi hermano.
- Si, por que no traes una vos, si sos tan macho. Exclamo el chino haciendo un gesto ampuloso con sus brazos.
- Bueno pero ya se hace tarde, porque no dejamos y nos vamos, total quedamos 4 a 4, el sábado que viene la seguimos. Luis.
Y así fue, nos fuimos cada cual para su casa, a sacarnos la mugre y prepararnos para salir a dar la clásica vuelta del perro por el centro o a visitar a las tías, y quizás, el que tenía más suerte por ahí ligaba un helado de Laponia o de lo de Jony.
Paso la semana, con la responsabilidad de la escuela y llego el ansiado sábado. Así fue que salimos todos para el potreo, mi primo David, había traído una N° 5 de las buenas, las de gajos chiquitos.
La pelota era blanca y estaba nuevita.
- Esta, con lo que brilla, si se va al pastizal la vamos a ver enseguida. Grito Puli, quizás preocupado por si la tiraba de nuevo a la mierda.
El partido arranco respetando el resultado de 4 a 4, estaba interesante un poco más lirico que el anterior y la pelota corría pegadita al piso, la pelota nueva tal vez ayudaba para que se jugara mejor. Algunos tiros en los palos, una atajada impecable de Walter, y el partido no tenía desempate. Fue en ese momento, luego de la atajada que la pelota salió al lateral y como empujada a su desgracia, se perdió entre los pastos altos.
En ese momento cuando uno de nosotros se disponía a ir a buscarla se escuchó el sonido, era una especie de silbido grave y a la vez suave. De inmediato ocurrió. Los pastos parecían levantarse de la tierra, casi que podíamos verle las raíces a la gramilla, en ese instante, lo vimos. Nunca pudimos explicar ni explicarnos que era.
Todos lo vimos, era largo, ágil, de cara pálida, pero con una sombra grisácea. Sus finos labios apenas se dibujaban y la boca parecía una larga herida, sin cicatrizar. Tal vez examinando bien el ángulo de la boca, un ojo escrutador habría podido sorprender cierta dureza fría y egoísta, tal vez algo felino también, es decir, paciencia y ferocidad.
Nos quedamos mirándolo fijamente, no por valentía o intentando desafiar a la bestia, sino más bien paralizados por el terror. En ese momento, cuando se retorcía y dejo de silbar pudimos ver que no tenía ojos. Luego escuchamos un sonido sordo y vimos como la pelota nueva y blanca, la buena, la de los gajos chiquitos, salía por el aire en tres pedazos que cayeron casi delante de nuestros pies.
Tomamos los pedazos y nos fuimos corriendo a refugiarnos en nuestras casas.
No comentamos nada, al día siguiente, el domingo, de a uno fuimos apareciendo, asomando la jeta, fuera de nuestras casas. Nos juntamos en derredor del gabinete de gas de la casa de mis viejos.
Nadie se animaba a mencionar a la bestia.
Luis saco de una bolsa de casa Drago un pedazo de la pelota, mi hermano trajo el otro pedazo que el juntó, y el chino el trozo que faltaba. Los gajos estaban rasgados, la pintura arañada, como si le hubiesen pasado un rayador.
- Que hacemos, con estos pedazos? Dijo el chino.
- Y si mañana se los llevamos a Orellano, el que arregla pelotas que está en la 21? Dijo Gustavo.
Y así fue que el lunes cuando volvimos de la escuela nos volvimos a juntar en la puerta de casa y de allí, todos juntos salimos despacio y con la cabeza gacha a lo del arregla pelotas.
Llegamos al taller de Orellano, entramos y el viejo estaba sentado en su banquito de madera, cosiendo una N°5 con dos agujas.
Yo saque de la bolsa los pedazos de la pelota y le pregunte si se podía arreglar. El viejo, abrió los ojos grandes, nos escruto con su mirada y pregunto:
- ¿Qué le paso a esta pelota?
Le pasaba sus dedos a los gajos arañados y luego recorría con la yema los bordes desgarrados. Levanto la vista y en voz baja dijo
- Otra vez apareció. ¿Cuándo les paso esto?
Ninguno de nosotros abrió la boca, entonces, el viejo dijo
- Yo sabía que algún día iba a volver, me paso cuando era como ustedes y jugábamos en un terreno donde ahora está el barrio PYM. Mi abuelo, que trabajo en la Carotenuto haciendo adoquines, me conto un día que mientras descansaban, jugaban un partido y apareció un bicho como un gusano grande y gris que se le comió la pelota. Yo no le creí al abuelo hasta que me paso. No puedo saber la fecha exacta, pero aparece cada 50 o 60 años, cuando le da hambre, o simplemente tiene ganas de joder.
El viejo tomo los pedazos de la pelota y nos despidió diciéndonos que se la dejáramos, que la iba a arreglar, que pasáramos el viernes.
Volvimos el viernes, otra vez al salir de la escuela, nos volvimos a juntar en casa y salimos para lo de Orellano. Llegamos, el viejo nos sonrió y nos entregó la pelota. La había dejado impecable, blanca brillante, como nueva!
No nos quiso cobrar un solo peso, nos miró fijo, acaricio la cabeza de mi hermano y nos dijo:
- No tengan miedo, ese bicho de mierda, cada tanto aparece, pero no le concedan la gracia de dejar de jugar al fobal, nosotros nunca dejamos de jugar, ustedes tampoco lo hagan.
Nos llevamos la pelota y la guardamos en mi casa.
Llego el sábado, terminamos de almorzar y como era habitual, el primero salía a tocar timbres para juntar a la barra.
Salimos caminando despacito, amuchados hasta llegar al potrero. Nos quedamos quietos sentados en el pasto, en el medio de la cancha, sin jugar. De repente, tímidamente Edgardo y Walter se pusieron a patear, la N° 5, despacio y se sumó Puli, luego Gustavo, luego el Chino, y así, sin darnos cuenta casi, hicimos pan y queso se armaron los equipos y arranco el clásico de los sábados.
¿Qué paso con la bestia? Nunca más tuvimos otro incidente, el devorador de las N° 5 desapareció, o se escondió, hibernó, no supimos nada, ni nadie más volvió a mencionarlo. Los partidos en el barrio son un recuerdo, el devorador de las N° 5 también.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Las Sirenas de la Carotenutto


En el barrio, hace ya unos años había una laguna que el progreso se encargó de rellenar y el paso del tiempo la condeno al olvido, era la Carotenutto. Esta laguna, se formó al llenarse de agua una perforación profunda y amplia de una cantera explotada por la familia Carotenutto, de allí su nombre. Al abandonarse los trabajos de extracción de granito, para la fabricación de adoquines en esa cantera, la misma se inundó, algunos decían que tenia conexión con el mar, y por ello es que el agua la invadió. Lo cierto es que el agua de un color verde intenso, no dejaba ver el fondo, y esto contribuía a las diferentes opiniones respecto de su verdadera profundidad.
Durante las tardes de verano, algunos vecinos relataban que se escuchaban cautivadores cantos, y que, por el tono de las voces, se trataría de mujeres. Comenzaron a intentar determinar de donde procedían esas musicales voces, pero al intentar seguir el rastro sonoro, el mismo se perdía al llegar a la Carotenutto. Un día se escuchaban gritos, de un vecino que vociferaba “¡…la vi, la vi, está en la laguna!” Todos corrieron a su encuentro, pero, el vecino estaba como en un trance, solo gritaba que la había visto, y por más que indagaban, no lograban sacarle cual había sido su visión. Lo cierto es que, al pobre tipo, lo internaron y recién después de varios días, cuando salió, decía que lo que había visto era una sirena, con lo cual casi que lo internan de nuevo.
Los cantos se seguían escuchando, y siempre al parecer su procedencia era la Carotenutto. Un día pasado apenas el mediodía, casi en el albor de la siesta, se escuchaba, como sucedía habitualmente, recién entrado el verano, el silbato y los gritos comerciales del heladero de Laponia, quien montado en su bicicleta, perturbaba a los siesteros del barrio. Se escuchaba la liturgia propagandista, “¡helado helado, Laponia helado, palito bombón helado!” El heladero tenía un recorrido habitual, que constaba en una ronda por la periferia y luego se adentraba por las sinuosas calles empedradas del barrio PYM. Esa temprana tarde, los chicos que lo esperábamos con las monedas para comprar el palito de agua, o el bombón helado, según era la costumbre, nos sentamos en el cordón de la vereda, pero el heladero no aparecía. Las madres, ante nuestra tardanza, salieron a ver qué pasaba, pero lo que no pasaba, era el heladero. Gustavo!!, entra a ponerte la gorra! Gritaba Teresa, su mama. Puli!!, mojate la nuca a ver si te insolas!! profería otra mama.¡ Para mami, estamos esperando para el helado! Gritaban los chicos.
¡Entren de una vez, no ven que hoy el heladero no va a venir!, gritaba otra madre. Pero los chicos lo habían escuchado, fue así que Walter, al que más le gustaba investigar, tomo la iniciativa y dijo: “nosotros vamos por este lado y ustedes den la vuelta por acá, así lo vamos a encontrar”. Dicho esto, emprendimos la vuelta a la caza del heladero.
Al terminar de dar la vuelta, unos por un lado y otros por el lado contrario, nos encontramos en la Carotenutto, al llegar, todos estábamos sorprendidos, ya que el heladero no aparecía, de repente, el chino grito: ¡miren, la gorra del heladero! Allí estaba, flotando en las aguas de la laguna, la gorra roja del heladero de Laponia. Nos quedamos duros, sin pronunciar palabra, mirando como flotaba mansamente en las aguas, cuando algo de lo que no podíamos dar crédito sucedió, una mano delgada y hermosa, emergió de entre las aguas para tomar la gorra roja y luego desaparecer con ella. Junto a las piedras de color azulado que conformaban el pequeño barranco perimetral de la Carotenutto, se encontraba la bicicleta del heladero, sola, parada con su pie doble. No recuerdo quien tomo la iniciativa, pero sí, que salimos corriendo desesperados, los talones nos pegaban en el culo. Cada uno fue al encuentro de nuestras madres y padres a contar lo sucedido. Fue un escándalo, algunos pensaban que era una joda y otros, ante nuestra insistencia, creían que nos habíamos insolado y estábamos delirando. La sorpresa fue que al llegar al sitio de la laguna, vieron la bicicleta y les entro la duda y la curiosidad, todos comenzaron a buscar al heladero, pero este no apareció. Vino la policía, y empezamos a hablar todos juntos y a intentar explicar que una mano se había llevado la gorra. El policía, se sonrió, cargo la bicicleta del heladero y se fue.
Pasaron los días y no había rastros del heladero, se pedía por su paradero, y nada. Un día en el noticiero de canal 8, informaban que en las costas de las playas cercanas al casino de Mar del Plata, habían encontrado flotando, una gorra roja. Por aquel entonces, debíamos confiar en la palabra del Cholo Ciano, ya que la tele era en blanco y negro.
Vieron, dijo uno, que está conectada con el mar, no ven adonde fue a parar la gorra del pobre heladero. Así fue que comenzó a crecer el misterio, se sucedieron nuevos hechos, y todos comenzaron a sospechar que el relato de la sirena comenzaba a tener sentido. Otro día por la tardecita, uno de los chicos paso por lo de Clavería, compro sus anzuelos, y se fue a armar la caña para ver si pescaba algún bagrecito en la Carotenutto. Llego, se sentó en la orilla y tiro su línea de anzuelo, lombriz y corcho para probar suerte. Comenzó a escuchar una hermosa melodía que lo sumió en un sueño hipnótico, por suerte fue rescatado, cuando se estaba sacando la ropa y se disponía a zambullirse en las verdosas aguas. Otro vecino del lugar, estaba construyendo el garaje de su casa y con una carretilla, arrojaba en la laguna la tierra sobrante de la construcción de los cimientos, en uno de estos viajes, fue cuando las vio. Justo cuando estaba volcando la carretilla y la tierra caía ruidosamente en el agua, emergieron de un salto dos bellísimas sirenas. El vecino, quedo hipnotizado, miraba fijamente sus torsos desnudos y sus colas de color plata. Su esposa lo encontró, parado en la orilla, cuando salió a buscarlo para alcanzarle un mate. No hablaba, no parpadeaba, estaba en trance, la señora asustada llamo a los vecinos quienes lo cargaron hasta su casa, lo dejaron acostado en la cama, parecía un maniquí. Llamaron al médico quien luego de revisarlo, dijo que estaba todo bien en lo físico, que por las pupilas dilatadas o bien se había fumado alguna sustancia o había recibido un susto mayúsculo. Luego de unos días, salió de ese estado y comenzó a hablar, nunca volvió a ser el mismo, y todas las tardes se quedaba parado con la mirada perdida en las verdes aguas. Se siguieron sucediendo hechos, que involucraron a diferentes vecinos, todos con el común denominador de las bellas sirenas y sus hipnóticos cantos.
Con el tiempo, tal vez se hizo costumbre, pero ya no llamaba tanto la atención, debemos tener en cuenta, que en sí mismo, el barrio PYM siempre fue un lugar mágico.
Lo cierto es que la urbanización de Balcarce tomo un giro diferente y la zona de los alrededores de Cerro, cobro un mayor valor inmobiliario, tal es así que los terrenos adyacentes a la laguna se lotearon, se abrieron calles y se comenzó la construcción de algunas casas. Los herederos de los Carotenutto, contrataron una empresa para el relleno de la laguna, para lo cual se trajeron grandes cantidades de tierra y escombro, luego vendieron los terrenos, se enterraron pilotes y sobre una platea de hormigón hoy se encuentran edificadas algunas viviendas. Hace poco, en un local de ropa de la ciudad, mientras esperaba que me atendiera uno de los vendedores, escuche una conversación, entre dos señoras, en la que una le manifestaba que algunas noches escuchan cantar, que el sonido pareciera que sale de debajo de la casa. Ya revisaron todo, las radios y los equipos de música de la casa están apagados y hasta llegaron a despertar a sus vecinos para preguntarles si dejaron la música encendida en algún lugar de la casa, pero nadie tiene equipos ni radios funcionando. De todos modos la señora le contaba a su amiga, que el sonido es de una extraordinaria belleza y que cuando lo escuchan, durante la noche, les dan ganas de quedarse despiertos, para poder apreciar las voces que parecen de mujeres, y que son maravillosas.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Caminamos por una realidad narrativa


Ser parcial, mostrar la mitad de la verdad, es mentir, enmascarar la mentira. Hoy vemos que la realidad se presenta en los mass media, de manera parecida a la ficción narrativa. Es como si el periodista, el político, el editor, se sintiera mas cómodo, y de hecho es así, al abrigo de un ideario de ficción mezclada con realidad, a la que el público, ignorante por cierto, consume sin discernir o analizar su contenido.
Y es así como nos encontramos con la publicación de mentiras trasformadas en verdades, ya sea atreves de medios gráficos, radiales, televisivos, discursos en cadena nacional, redes sociales, etc.
Cada parte compite por ver de qué manera disfraza la mentira para presentarla de una manera creíble. El jefe de la propaganda Nazi, Joseph Goebbels, seria hoy un comunicador estrella. Tanto a los apocalípticos como a los integrados, debería unirlos el espanto, por lo que publican, hablan, twitean, etc.
Históricamente, se ha realizado un aprovechamiento de la masa ignorante, a la cual se le han vendido de un lado y de otro las bondades y/o maldades de los modelos de derecha, izquierda, populistas y liberales, con un grado atroz de desfachatez. En la actualidad, la sociedad ha evolucionado a un modelo más individual, el llamado pueblo como masa manejable, es cada vez más escaso y difícil de moldear por los gobiernos de turno, si bien se generan adhesiones y rechazos, esto se da, solo cuando estos individuos se ven afectados en su economía. La impronta que pretenden dejar los mass media oficialistas y opositores en estos individuos, se basa en una competencia feroz, que solo apunta a la división. Hoy vemos mensajes en los que se insta a estar de un lado o de otro, como si pensar en un mensaje conciliador, si intentar unirnos como ciudadanos estuviese mal visto o fuera una falta de compromiso con nuestro país, con nuestros ideales. Esta última aventura política llamada Kirchnerismo, es mencionada por algunos como “Movimiento Kirchnerista”, nada más lejano de la verdad y de la realidad. Otros pretenden destacar en el Kirchnerismo, como un valor, la división de la sociedad.
El movimiento como organización política, es un espacio en el cual se aglutinan ideas, personas con diferentes ideologías, incluso con diferente concepción de la política, llamémosle izquierda, centro, derecha. Un ejemplo de esto puede ser el Justicialismo, un espacio en el cual han convivido, la derecha recalcitrante de López Rega y la AAA, y las agrupaciones de extrema izquierda como la denominada, Montoneros, creada por Fernando Abal Medina, en los años setentas, pasando por algunos más moderados como Hector Campora, apodado “El Tío”.
Si tomamos a Kirchner como fundador del Kirchnerismo, y analizamos su paso por el gobierno y el poder, podemos ver claramente, que no tránsito por ninguna de las ideas que conforman un movimiento. Él fue, un líder individual, un político con una fuerte impronta personal, que no permitió el surgimiento de ninguna figura a su alrededor. Se rodeó de personas de 4to o 5to nivel político e intelectual, manejables. El clavo que sobresalía recibía el martillazo. Así construyo su espacio, en el cuál no existió el disenso. Algo analizable, opinable, pero no criticable. Cada cual define y construye el espacio que quiere, y el resto se une si está de acuerdo o disponible.
Lo que si debemos es llamar a las cosas por su nombre, el Kirchnerismo, no es un movimiento, tal vez ahora, muerto su fundador, derive a una organización diferente.
Los apocalípticos, exacerbaron esta condición de liderazgo unipersonal y totalitario, y utilizaron cuanto pudieron esta línea de pensamiento para denostar al gobierno. Néstor Kirchner fue un abogado educado en una familia ambiciosa, conocida es la actividad usuraria desde tiempo de sus abuelos, tal perfil pueda quizás ponerlo lejos de un perfil popular. Si es destacable su actividad participativa en pos de los derechos humanos, amén de un manoseo y utilización política de los últimos tiempos. Particularmente, me hubiese gustado verlo gobernar sin dinero, sin la famosa “caja” que todo lo puede. En América Latina, un paraíso de corrupción, el que tiene el oro, compra las voluntades comprables. Hemos visto a muchos Borocoteados.
Su perfil burgués al igual que el de su señora esposa, abogada, nacida en una familia de clase media, con ambiciones particularmente visibles, nadie llega a ser presidente sin ambición, al menos de poder, como dije antes lo aleja a mi entender de aventuras revolucionarias. Se entretuvo en quitarle el poder a un monopolio de desconocidos, para dárselo a uno de amigos. No se vislumbran ni vislumbraron en su curriculum, intentos de cambios profundos que formen parte de la realidad del país, si se pueden ver profundas divisiones. Alguien podrá decir que Ernesto Guevara Lynch, pertenecía a una familia burguesa y sin embrago fue un emblema de la revolución. También podemos decir que Ernesto Guevara Lynch, no tenía la descomunal fortuna que poseen Néstor Kirchner y su Sra. Esposa, amasada en la función pública. En síntesis, personajes con distinto compromiso social e ideales.
Hasta Chávez, es diferente, mas allá de sus locuras de milico tropical, introdujo grandes cambios en la sociedad venezolana y reivindico de manera verdadera a los sectores más postergados de su país.
Ahora nos queda la oposición, pero oh sorpresa, que podemos decir de ellos, sencillamente nada interesante o digno de destacar. A estos sí que los une el espanto.
Quizás esto resuma el porqué de muchos argentinos que piensan en el Kirchnerismo, como una salida política, más ligada a la pobreza de los otros o al pensamiento simple de que son lo que queda, que al convencimiento pleno de que pueden cambiar la realidad del país. Otros por otro lado han caído en el influjo de la caja, la dadiva, la compra de voluntades, el clientelismo perverso.
Vemos algunas chicas que antes se ganaban la vida mostrando los pechos y hoy de solo escucharlas hablar pareciera que se tragaron a Rosa Luxemburgo, otros embargados por deudas abrazaron la causa Kirchnerista y así van zafando, cambiando figuritas y olvidando al menos de manera pasatista sus vidas en el barrio de Belgrano y podemos verlos abrazados a los morochos transpirados y besando a los niños con mocos, cuando ven que una cámara de la TV les pasa por al lado. Hay adeptos banales y profundos, intelectuales valiosos y personajes deleznables, pero todos han mostrado una cara común, el vacío de rebelión, la falta absoluta al disenso, el respeto atroz al jefe.
Es complejo el momento histórico que nos toca, analizarlo, parados en un costado objetivo es casi como caminar por el borde de un acantilado que se desmorona. La presencia de una realidad ecléctica, de una multiplicidad de vectores de pensamiento que parecieran impregnados de polaridad y que se atraen y se rechazan, hace difícil el intento de cualquier esbozo de análisis. Probablemente, este intento encuadre en una sola línea:
¡Es la realidad narrativa estúpido!